08
feb
10

ME VOY A LA LUNA!!!

LUNA LLENA!!!

Hace unos días me toco viajar fuera de los Estados Unidos. Y luego de dos días me toco regresar. Ambos viajes los hice en avión.  Y es por eso que escribo hoy sobre eso. El viaje en avión.

Después de los últimos acontecimientos que hablan de una amenaza terrorista real, latente, más que figurada,  en contra de los Estados Unidos, a cualquiera que deba tomar un avión le pueden sobrevenir dos ideas a la cabeza:  1) la próxima amenaza será otra vez con un avión? ;  2) será este avión en el que me estoy montando el próximo objetivo?

Al escribir esto gracias a Dios confirmo que ninguna de las preguntas fue afirmativa para mí, pero eso hace acaso que el miedo desaparezca? Pues la respuesta definitiva es no. Y me explico:

En mi viaje de regreso a los Estados Unidos hace poco más de una semana, todo parecía estar en orden. Llevaba unos minutos sentado en mi silla, al lado de una señora súper agradable con quien pude conversar un poco antes de, ambos, padecer  la angustiosa paranoia de que estábamos a punto de ser parte de un ataque terrorista.

Mientras conversábamos, mucho antes de que el vuelo fuera a despegar rumbo a Miami, se nos acerco repentinamente  otro pasajero. Un hombre de unos 45 anos, que hablaba ingles pero con un acento extraño.  Nos mostro un pedazo de su ticket de abordaje reclamando el puesto donde mi compañera de vuelo estaba sentada junto a su esposo.  Ella rápidamente busco en su cartera y confirmo  que su ticket tenía el mismo número que el señor reclamante. En vista de la confusión llamamos a un miembro de la tripulación, quien procedió a pedirle al hombre de acento extraño y a la señora que le dieran ambos sus tickets para verificar donde estaba el problema de la aparente clonación de tickets.

La señora y yo nos vimos a los ojos. Murmuramos con cierto temor que nos parecía extraño el asunto. Por varias razones. Primero nos llamo la atención el que pudiera ocurrir que dos personas tuvieran un ticket igual que asignara a dos pasajeros distintos un mismo asiento. Ambos también comentamos sobre el aspecto del pasajero reclamante. Y eso fue lo que disparo nuestras alarmas. A ambos nos recordó lo ocurrido con el pasajero nigeriano cuyo destino era producir una tragedia terrorista en Detroit.

En medio de nuestro temor creciente, regreso el auxiliar de cabina, confirmando que el ticket de la señora era el correcto y que por ende ella estaba sentada en el puesto que le correspondía, y que el ticket del señor reclamante no era válido. Bueno, en realidad, el ticket del hombre si era valido pero no para ese vuelo, sino para un vuelo que ya había ocurrido.

Al oír eso la señora, su esposo y yo nos atacamos! El auxiliar de cabina o sobrecargo se quedo parado al lado del señor reclamante pidiéndole que buscara entre sus pertenencias el ticket del vuelo en el que estábamos montados él, sus niños, nosotros y casi 200 pasajeros más. Nuestro pánico aumento cuando observamos que el hombre tenía en sus manos no uno, sino al menos 6 tickets de abordaje más.

Al parecer el hombre no solo volaba con sus dos hijos menores, sino con otras personas que no supimos si eran familiares o solo amigos. El hombre consiguió el ticket correcto, se lo dio al sobrecargo y todo pareció normalizarse. El vuelo despego.

Eran casi dos horas y media a los Estados Unidos. Trate de dormir un rato, pero no pude. Me puse a leer una revista. Mi vecina de asiento hizo lo mismo. Al rato me pare al baño. Necesitaba además estirar las piernas. Y aproveche y me quede parado al final del avión durante unos minutos. Hasta que el terror regreso.

Repentinamente uno de los acompañantes del reclamante se acerco súbitamente a la parte trasera del avión pidiendo al personal de a bordo que le dieran hielo. En segundos el sobrecargo, sin preguntar, accedió al pedido.  El hombre se fue hasta la mitad del avión con el hielo en un vaso. De inmediato entendí que algo pasaba. Junto al hombre tres personas más se habían levantado de sus asientos y se habían congregado en el puesto de alguien. Lucían afectados, nerviosos, agitados pero nunca pidieron ayuda más que el hielo.  Entre ellos mismos intentaban solucionar algo que para el resto de nosotros era hasta ese momento una estresante incógnita.

Una mujer de su grupo se había desmayado. Y ellos, por si mismos, intentaban reanimarla o al menos ayudarla. Lo que me parecía extraño era que no solicitaran ayuda a la tripulación del avión.  Pero así ocurrió.  Eso consumió los últimos diez minutos del vuelo antes que el capitán encendiese las luces que indicaban que todos debíamos regresar a nuestros asientos, ajustarnos los cinturones de seguridad y  prepararnos para aterrizar en el Aeropuerto Internacional de Miami.  

La situación con la mujer parecía haberse controlado. Pero aunque ya el avión había comenzado a descender, y las señales exigían  el uso obligatorio del cinturón,  aun un hombre y una mujer seguían de pie al lado de la supuesta desmayada.

La tripulación debió hacer un llamado por los altavoces. El vuelo seguía descendiendo. El hombre y la mujer hasta último momento desobedecieron los llamados. Mi angustia y la de mi vecina aumentaba. Hasta que finalmente todos se sentaron. Y el avión aterrizo.

Mi vecina y yo ya imaginábamos que el vuelo seria desviado hacia alguna zona segura del aeropuerto, por prevención, ante la verdaderamente estresante situación irregular a bordo. Sobre todo porque recién el tren de aterrizaje toco suelo, el hombre que había desobedecido la orden de sentarse, se había vuelto a levantar.  Nuevamente el personal de cabina volvió a hacerle el llamado por los altavoces. El hombre no hizo caso. El llamado por las bocinas volvió a producirse. Esta vez con voz más fuerte. El hombre, a regañadientes, volvió a su asiento.

El avión poco a poco se acerco a la puerta de desembarque, mientras ahora era el capitán quien mandaba un mensaje: que todos debíamos permanecer sentados hasta que la mujer afectada y su familia desalojaran primero que nadie el avión.

Quinientas cosas pasaron por mi cabeza. Ni hablar de las que le pasaron por la cabeza  a mi compañera de vuelo.  Pero bueno, por fortuna, todo fue solo un gran susto. Y aquí estoy, una semana después, contando la historia.

Pero igual me quedan muchas preguntas en la cabeza: será que realmente todo lo vivido con el mismo grupo de gente fue solo un incidente sin importancia? O no? Quizá nunca lo sabré. Pero lo cierto es que yo, que no soy fácilmente sugestionable, viví el vuelo más largo de mi vida. Sera que estoy viendo mucha televisión o será que estos son los tiempos que nos están tocando vivir en nuestro mundo? Que angustia, no? Sera que es el momento de ir pensando en comprarme una parcelita en la luna? Averiguare.  Después les cuento!. Bye!

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1 Response to “ME VOY A LA LUNA!!!”


  1. 1 Criss Monterrey
    febrero 21, 2010 en 6:07 pm

    Hola Fausto, me alegra saber que te va bien… Siempre fuiste mi ejemplo a seguir en el periodismo por tu frescura, credibilidad y la facilidad que tenías de desenvolverte en cualquier área… Mucho de lo que aplico hoy en mi carrera lo vi en tí, te sigo admirando y ojalá sigas floreciendo y prosperando. Un abrazo enorme!

    Criss Monterrey, Periodista
    elunivercriss@hotmail.com


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